El fútbol hace justicia con el CD Mirandés

Daniel Iglesias | 25 de enero de 2012

Pablo Infante celebrando el pase a semifinales

Épico, heroico, legendario… La victoria por 2-1 del CD Mirandés ante el Espanyol, que le da el pase a semifinales de la Copa del Rey, ha acaparado todo tipo de calificativos intentando hacer justicia al tamaño de su gesta. Pero en realidad no es necesario bucear en los diccionarios para definir lo que ha sido esta eliminatoria. Basta con decir, sencillamente, que el fútbol ha sido justo. Ha sido justo porque, sin pararnos a mirar jugadores, presupuestos, estadios o masas sociales, ha vencido el que mejor ha jugado a lo largo de 180 minutos.

Cuando un equipo de Segunda B es capaz de eliminar a tres conjuntos de Primera —Villarreal, Racing de Santander y Espanyol—, significa que hay algo más aparte de grandes hazañas o fortuna. El Mirandés ha demostrado que es un equipo con un potencial mucho mayor que el de la categoría en la que se encuentra, y que simplemente está acusando lo difícil que es salir de la Segunda B.

En la victoria del Mirandés no ha habido ni una pizca de suerte. El mérito de no perderle la cara a un encuentro que en el inicio de la segunda parte se ponía totalmente cuesta arriba por el gol de Rui Fonte, es enorme. Pero el Mirandés, como los equipos grandes, no se vino abajo y siguió creyendo en sus posibilidades. No se pusieron nerviosos, todo lo contrario. Siguieron buscando la forma de hacer daño al Espanyol, buscando la banda izquierda de un Pablo Infante que sigue sacando los colores de decenas de secretarios técnicos de Primera, que se van al culo del mundo a buscar medianías teniendo a tiro de piedra auténticas joyas. Lo de Infante no es un caso aislado. Hay multitud de futbolistas sumergidos en el fango de la Segunda B, e incluso la Tercera División, que si tuvieran una oportunidad en la élite demostrarían su verdadero valor. Y si no que se lo pregunten a un tal Sergio Busquets.

Fue el propio Pablo Infante el que colocó las tablas en el marcador faltando todavía media hora de encuentro. Media hora en la que el Mirandés fue dueño y señor del partido. A medida que pasaban los minutos, más se volcaba el campo hacia la portería de Casilla. Los minutos finales eran una sucesión de ocasiones para los locales. Pero no eran ocasiones fruto de balones colgados al área, ni mucho menos. El Mirandés tocaba la pelota sin prisa pero sin pausa, con criterio, buscando hacer daño por una banda, y si no eran capaces, se cambiaba a la contraria. Y fruto de ese asedio se consiguió el gol de la victoria, en el último minuto del descuento, con un remate impecable de cabeza obra de Caneda, que desataba la locura en Anduva.

El Mirandés es el orgullo del fútbol modesto de nuestro país. Una razón para sonreir entre mares de polémicas y negocios. Que se hayan plantado en semifinales no es una casualidad, sino el fruto de un trabajo excepcional. El siguiente rival saldrá de la eliminatoria entre Athletic Club y Mallorca, y de nuevo no partirá como favorito, pero ya se han ganado que sus rivales no les miren por encima del hombro.

Foto | Reuters
En NdF | CD Mirandés: La magia de la Copa del Rey

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