El Madrid resucita, el Barça sigue vivo

Bruno Sanxurxo | 26 de enero de 2012


A pesar de todo el ruido y la niebla que le rodea, el fútbol siempre encuentra su propio camino, muchas veces impredecible, inesperado, pues esa y no otra es la esencia que hace tan especial a este deporte: todo es posible. Lo demostró el Mirandés anoche y lo ha vuelto a hacer el Real Madrid hoy. Y por partida doble. Ningún escenario como la Copa para las grandes tragedias.

Alineación de gala blaugrana. Alineación ofensiva blanca. Obligado por la derrota y la imagen del partido de ida, el Madrid de hoy nada tuvo que ver con aquella cobarde versión que ofendió al madridismo. 4-2-3-1, con Ramos-Pepe en la zaga, Alonso-Lass en la medular y Kaká-Özil en la mediapunta. El arranque del Madrid no fue sólo fuerza y coraje; tuvo mucho fútbol. En gran medida gracias a que el dúo de enganches formado por el brasileiro y el alemán sonó más afinado que nunca.

Presión asfixiante y fútbol entre líneas. No hablamos del Barça, sino del Madrid. Los blaugrana comenzaron el partido con el paso cambiado. A los pocos segundos Higuaín desaprovechó un regalo que ya parece un mal chiste. Incomodado por su rival, con problemas para tejer las primeras fases del juego, metido en su campo por las adelantadísimas líneas blancas, el FC Barcelona sólo conseguía oxígeno con balones en largo a Alexis y algún que otro conato de contra.

En el partido de ida el Madrid apenas tiró con peligro un par de veces. En la primera media hora de la vuelta rondó el gol hasta en cinco ocasiones, trallazo al larguero de Özil incluido. El mundo al revés: al equipo controlador le faltó el control, al equipo goleador le falló el gol.

El Barça se comenzó a encontrar a sí mismo cuando Xavi cogió una pelota y se fue a buscar tres amigos: Alves, Alexis y Messi. La búsqueda de ese rondo, en la zona de Coentrão y Cristiano, fue un respiradero que el Seis blaugrana procuró a menudo, sobre todo tras la retirada de Iniesta, de nuevo lesionado en el bíceps femoral, y comprobando con los minutos la desconexión de Fàbregas. Cuando Cesc hace de Cesc, con libertad para moverse y dedicado a la verticalidad y el caos, es desequilibrante. Pero cuando ha tenido que jugar por dentro, teniendo que interpretar el papel habitual de Iniesta, estando más que apareciendo, se ve que aún le queda muchas horas de estudio.

El primer acto remató como lo deben hacer las grandes obras: un dramático giro inesperado. Cuando parecía que todo se quedaría como estaba con la bajada del telón, Messi entró en escena y atrajo todas las miradas. Alonso, Pepe, Ramos y Arbeloa se fueron a cerrarle el paso, olvidando a todos los demás. El argentino soltó una bomba y Pedro activó el explosivo. Sin tiempo para recuperarse del golpe, el Madrid recibió el segundo: un obús de Alves que se clavó en la escuadra. Al drama blanco no le faltó de nada: hasta la diosa Fortuna le fue desfavorable: Özil se encontró con el larguero y Alves con la perfección.

A la vuelta del descanso habían cambiado las tornas. O eso parecía. El Barça comenzaba a hilar como no había hecho en todo el primer tiempo y el Madrid parecía conmocionado, sensación acentuada por la pérdida de la conexión Özil-Kaká. Pero no bajó los brazos y los blaugranas, huérfanos de Iniesta, no lograron imponer su ritmo ni aprovechar los espacios para dar un tercer golpe que acabara de noquear a su rival.

Tras la potente artillería del primer tiempo, en la segunda parte el Madrid tardó 22 minutos en rematar a puerta. Pero a la primera, acertó. Özil reapareció para filtrar un pase perfecto y Cristiano clavó el remate. El gol espoleó al Madrid. Dos veces muerto. Dos veces resucitado. No hacía ni cinco minutos que había entrado Benzema y sólo cuatro después, el francés subrayó lo inexplicable de su ausencia aprovechando un mal despeje de Piqué para hacerle un sombrero a medida a Puyol, fusilar a Pinto y marcar el segundo gol.

El empate le dio al Madrid una inyección de energía: cómo no estando a un solo gol de una gesta memorable. Al Barça le entró algo de miedo y no era para menos, viéndose tan inesperadamente cerca del abismo. Supo sufrir y se apretó en defensa, pero sin renunciar a atacar para devolver los golpes. Por si fuera poco, después de perder a Iniesta y con él un vértice capital, se quedó sin su salida de emergencia: con Alexis se fue la posibilidad de jugar a la espalda del rival. Quedaba Messi, que no es poco, y Messi dio la cara: pidió el balón una y otra vez, incansable, consciente de lo mucho que su equipo le necesitaba para compensar el balance del miedo.

Los blaugranas fueron capaces de interpretar un papel para el que no están hechos y resistieron hasta el empate final. El Madrid dio tanto y le faltó tan poco que resulta inevitable pensar en el tiempo perdido una semana atrás. Aunque su equipo ha sido eliminado, tras el partidazo vivido esta noche, el madridismo se ha quedado con un gran sabor de boca. En este Madrid sí se reconocen, este Madrid sí les hace sentirse orgullosos. Eso sí, la digestión puede no ser fácil: el gran banquete de hoy no compensa la falta de hambre la semana pasada.

El Barça hará mal si se queda con un regusto amargo tras el partido de hoy. Es precisamente al gran equipo de esta noche al que ha logrado eliminar en una eliminatoria que dura 180 minutos. Pero tampoco debe minusvalorar el hecho de que el Madrid le ha dominado en su campo y logrado empatarle tras un 2-0. Lo peor son las lesiones de Alexis (una o dos semanas de baja) y, sobre todo, Iniesta, otra vez en el músculo maldito. Y un aspecto más: tiene por delante unas duras semifinales contra Valencia o Levante, un peso más en el equipaje para perseguir al Madrid en Liga.

Como habréis comprobado, no he dicho ni pío sobre el arbitraje hasta este párrafo final. No quería ensuciar el relato de un partido espléndido con los desaciertos de un árbitro horroroso. Es lamentable que semejante incompetente manche un duelo de tan alto calado, pero lo hizo. Y no pocas veces. Las que se comió fueron muchas: dos manos en área blaugrana más otros posibles penaltis en ambas, otra locura de Pepe, una segunda amarilla de Lass… Y para rematar la faena expulsa a Ramos en un lance que no era para tanto (desde luego no para el cuento que le echó Busquets) y, sobre todo, el esperpento del pitido final: en el primer tiempo el Barça mete el segundo gol tras sacar un balón parado en el tiempo extra y en el segundo, con todos los cambios, las atenciones médicas y las tanganas, no sólo descuenta apenas tres minutos, sino que pita unos segundos antes de que éstos se cumplan cuando el Madrid se disponía a sacar una falta. Inexplicable.

PS. Una última cosa: a ver si por cada comentario sobre el arbitraje aportamos otro tanto de fútbol. ¡Ah! Y una más: chapeau con Casillas.

Vídeo | YouTube

Más artículos sobre: Copa del Rey

Comentarios (79)

Página 1 de 2 páginas
Google Analytics Google Analytics
*