La desesperanza se instala en La Romareda

Fernando Castellanos | 21 de febrero de 2012

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Estamos a finales de febrero y la Liga empieza a dejar algunas cosas bastante claras. Por arriba, el colchón que mantiene el Real Madrid con el Barcelona le permite soñar bonito, a sabiendas de que el campeonato no se le puede escapar. Si la distancia de diez puntos entre los dos gigantes de nuestro fútbol parece insalvable, los once que separan al Real Zaragoza de la salvación, viendo la situación crítica de los maños, apunta a un descenso solo eludible por un milagro.

En La Romareda se ha instalado la desesperanza. Pocos son los que creen que la salvación es posible. Demasiados ‘match balls’, demasiadas finales para un conjunto acostumbrado a perderlas. Ni la llegada de Manolo Jiménez ha reflotado un barco a la deriva desde principio de temporada, que terminó de ahogar una espantada inverosímil y fugaz del presidente, Agapito Iglesias, para terminar de enfurecer una afición a la que no le queda más remedio que pensar en la próxima temporada.

La semana pasada el Zaragoza logró reengancharse al campeonato ganando al Espanyol en Cornellà. Un terreno hostil donde no muchos conjuntos saben sacar los tres puntos. Con ese triunfo volvió la fe. Para evitar el precipicio había que ganar en casa los nueve partidos que restaban y puntuar a domicilio en algún que otro desplazamiento. El hecho de ganar como local para un conjunto que ocupa el farolillo rojo se torna imperativo; en caso contrario, el fantasma del descenso acecha.

Y en La Romareda se plantó el Real Betis, un equipo que para los blanquillos ha pasado en noventa minutos de ser un rival directo a tenerlo a catorce puntos. De hecho, los andaluces, están a solo tres de los puestos de Europa League. A pesar de las buenas intenciones de los pupilos de Jiménez, el primer gol de Rubén Castro les desplomó. Los nervios, las prisas y el marcador jugaron una mala pasada al Zaragoza, que encajó el segundo mientras los aficionados enfilaban el camino a sus casas.

El entrenador zaragocista apela a la «vergüenza profesional» para entrenar a partir de este martes, cuando la realidad de la clasificación refleje la situación de su equipo: último, con 15 puntos de 69 posibles, a 11 de la permanencia y con pie y medio en Segunda División. Quizá ahora, que todo parece perdido, cuando ya queda poco que ganar y mucho que perder, sea el momento de jugar sin presión, pensando en el futuro y aprovechar, en la medida de lo posible, dar alguna que otra alegría a una hinchada más desilusionada que nunca.

Foto | Real Zaragoza

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