
Cuando ayer domingo me enteré de la destitución de Fabri como técnico del Granada, me resultó de lo más sorprendente. Por mi cabeza se pasaron las típicas preguntas para estos casos: ¿Qué objetivo tenía el club para su retorno más de 30 años después a Primera? ¿No es suficiente con estar fuera del descenso actualmente? ¿Qué más se le podía exigir a un entrenador que en dos años les ha llevado desde la Segunda B a la élite del fútbol español?
Las destituciones a estas alturas de la temporada siempre son muy arriesgadas, y no son sinónimo de acierto. No sólo porque el que venga pueda ser peor del que ya está, sino porque a veces el que está no ha dicho su última palabra. Que se lo digan a un Manolo Preciado que el año pasado, por estas fechas, estaba prácticamente en la calle hasta que un gol de Diego Castro en el descuento le otorgó una prórroga en el banquillo que todavía dura. Que se lo digan a un Pepe Mel que estuvo al borde del abismo tras sumar 1 punto de 30 posibles, y ahora ha vuelto a coger carrerilla con su Betis.
Así pues, tras lo sorprendente de la noticia y queriendo encontrar un motivo a la destitución de un hombre que, a pesar de todo, sigue siendo un héroe en Granada, me he puesto a sondear la actualidad del conjunto andaluz para llegar a la conclusión de que, probablemente, la decisión haya sido tan dura como adecuada.
Todo apunta a que la conducta del vestuario se le había ido de las manos a un Fabri que ya hace dos semanas, señalaba en rueda de prensa la actitud de sus jugadores. Fue tras la derrota por 1-2 con el Rayo Vallecano:
“Tenemos que ser conscientes de que tenemos una afición que es ejemplar y extraordinaria y hay que saber competir para ella […] Cada minuto de cada entrenamiento es para algo, no para cumplir el expediente y poder cobrar a final de mes […] No me gustan los jugadores anárquicos, que van a su bola. Hay un guión que hay que llevar a cabo y, dentro de una cierta libertad, los futbolistas talentosos salen a partir del orden”.
Declaraciones puede que verdaderas, pero muy duras. Tan duras que han terminado por volver en su contra un vestuario al que, seguramente, le habría gustado que una bronca de tal calibre no se hiciera en una rueda de prensa, sino en el propio vestuario. Quique Pina, presidente del Granada, lo confirmaba anoche en ‘El partido de las 12’:
“Sus declaraciones contra los jugadores la semana pasada no fueron acertadas y crearon un mal ambiente […] El vestuario estaba en contra de las declaraciones que hizo Fabri la semana pasada […] Nunca es bueno hablar de los jugadores en rueda de prensa […] Por respeto no cuento cosas internas que han sucedido”.
Así que ya no estamos hablando de las capacidades como técnico de Fabri, problemas de caidad en la plantilla, o la evidente falta de gol del equipo. Estamos hablando de un mal ambiente palpable, de un Fabri que había perdido el apoyo de varios de sus jugadores. Puede que cortar el problema de raíz haya sido lo más inteligente. Ya sabemos qué puede pasar en estos casos. No sería la primera vez que los jugadores no se entregan al máximo hasta que el técnico es destituido.
No se podrá pasar por alto el mucho bien que Fabri le ha hecho a este club. Dos años le han bastado para ganarse el cariño de la afición. Dos años con dos ascensos, desde Segunda B a Primera. Difícil papeleta tendrá ahora Abel Resino para superar el listón de su predecesor. Un Abel Resino, por cierto, que no era la primera opción del Granada. Anquela era el preferido, pero no se ha podido desligar del Alcorcón. Ya véis, desde un primer momento, depositanto plena confianza en Abel…
Foto | Granada CF
La verdad es que buena parte de la afición granadina clamaba por un entrenador nuevo, incluso cuando el Granada ganó varios puntos seguidos y llegó a estar en mitad de la tabla, había voces disonantes. Fabri no ha caído bien entre el grueso de la afición franjirroja. Otra cosa es que se le esté muy agradecido por lo que ha logrado en dos años subir de 2ªB a 1ª.
Sin embargo, no olvidemos que el único responsable de esto no ha sido Fabri, sino el presidente Pina, que es el que ha conseguido el hermanamiento con el Udinese, con los Pozzo, para que le cedan jugadores que el Granada con su presupuesto, jamás conseguiría tener en su plantilla.
Este equipo, desde hace años ya , no tiene estadio propio, sino que es un estadio municipal, porque sus propiedades tuvieron que ser embargadas, y tuvo que ser el ayuntamiento de Granada el que sacó al club construyendo un nuevo Los Cármenes, pero con el apellido de Municipal. A su vez, este equipo ha construido el grueso de su plantilla con cesiones a precios simbólicos con el Udinese, un equipo que lleva unos años haciendo una filosofía de fichajes muy particular. Ficha jóvenes promesas, a muy bajo precio, y las curte en equipos europeos, y cuando alguna merece la pena, o se la lleva al Udinese, o hace caja con el jugador. Digamos que el Granada es una especie de semillero del Udinese.
Fabri ha hecho un gran trabajo, pero no hay que olvidar que se le ha puesto en sus manos un equipo que tiene mucho más valor del presupuesto real del club. Este año en primera, es mas discreto, pero el año pasado en segunda, el equipo que tenía el Granada con los Geijo, Nyom, Mainz, Siqueira, Ighalo,.... era claramente un favorito a luchar por el ascenso.
Sin entrar a valorar los motivos del despido de Fabri o si lo merecía o no, una vez hecho, despedido un entrenador, lo suyo (sobretodo en un equipo que quiere eludir el descenso) es substituirlo por un entrenador experimentado, con mucho oficio, práctico y eficaz, puesto que no tiene apenas margen de error. Cualidades de las que, bajo mi punto de vista, carece totalmente Abel Resino. En Granada tendrán que encomendarse al talento de los jugadores, porque desde el banquillo me parece que poca aportación positiva va a haber (tampoco quiero decir que la haya negativa, sino más bien nula).
Saludos