
La historia de River Plate en la última década es una montaña rusa: vertiginosas escaladas y abruptas caídas marcan el devenir de uno de los clubes más populares del mundo, que como todos sabéis, hoy juega por primera vez en su larga historia sus partidos en la B tras el dramático descenso vivido hace unos meses. En los últimos años, Los Millonarios coquetearon una y otra vez con el abismo, sólo antes salvados por el extraño sistema de ascensos y descensos pensado para favorecer a los grandes, así de mal lo tuvo que hacer La Banda Sangre para reservar plaza en la B. Hoy rescataremos al último River campeón, aquel del Clausura 2008, enmarcándolo dentro del contexto de un club en caída libre y que tiene varios puntos en común con el fútbol español de nuestros días.
Y es que en el Apertura 2007, River terminó decimocuarto en la tabla. El club entrenado por Daniel Passarella, hoy presidente de la entidad y otrora líder y capitán en el campo de juego, cayó en un vacío del que no fue capaz de escapar: un equipo sin alma, sin espíritu ni convicción, todo aquello que le sobraba al Káiser argentino cuando batallaba en el verde. River terminó el torneo Apertura con Pasarella ya fuera del banco, en busca y captura de un técnico que devolviese la gloria al club. Tras salir a escena varios nombres como los de Ramón Díaz, Carlos Bianchi o Américo Gallego, fue el de alguien más joven el finalmente elegido: Diego Pablo Simeone.
Al igual que hace tan sólo unas semanas, Simeone llegaba a un club grande pero desmoralizado, cabizbajo. Dosis de fuerza, moral y carácter ganador necesitaba insuflar el nuevo técnico a River, y fue exactamente lo que hizo el hoy entrenador del Atlético de Madrid. Un técnico con las ideas muy claras que en su segunda experiencia como entrenador, en Estudiantes, logró alzar el Apertura 2006. Sabía lo que era ganar como jugador y también como entrenador. En El Monumental sabían que su equipo no regalaría tardes de brillantez y de excelencia como en los días de Enzo Francescoli, pero sí que los suyos lo dejarían todo en la cancha para conseguir la victoria.
Allí, como ilustra la imagen, se encontraban dos futbolistas hoy muy cotizados y que han llegado esta temporada a la liga española previo pago de una buena suma de euros: Radamel Falcao y Alexis Sánchez. De esta manera, la llegada de Simeone al Atlético ha significado el reencuentro con el Tigre. También vestían la camiseta de River dos futbolistas con pasado zaragocista: el guardameta Carrizo, uno de los pilares de aquel campeonato, y el medio Leo Ponzio, que en este mercado invernal ha abandona la Romareda con el fin de ayudar a Los Millonarios a regresar a la máxima categoría lo antes posible. Otros como Ahumada o Abelairas también serían claves en aquella victoria.

Pero, además del sempiterno Ariel Ortega, que seguía impartiendo clases desde el enganche a pesar de sus problemas extradeportivos, la estrella de aquel equipo no juega hoy en el Atlético ni en el Barcelona: lo hace en el Málaga, y es que Buonanotte terminó por consagrarse en aquel torneo Clausura marcando nueve goles, varios de bella factura, y suponiendo una pesadilla para las defensas rivales con su regate y velocidad. De esta manera, no es de extrañar que Simeone lo reclamase en su llegada al Calderón, que no acabó por cuajar.
Alexis Sánchez, con 19 años, comenzaba a apuntar las maneras que más tarde confirmaría en el Udinese, mientras que Falcao era ya un goleador reputado y seguido por clubes como el Milan, pero lejos de los números de hoy en día. De hecho, no fue hasta su llegada al Oporto cuando sus cifras se multiplicaron. Aquel año se disputó el nueve con Abreu, otro viejo conocido que llegó con Simeone como fichaje estrella, pero que no confirmó las expectativas marcando apenas un par de tantos. Falcao acabó el torneo con seis anotaciones.
River demostró las señas de identidad que hoy definen al Atlético: un equipo sólido, férreo, regular, muy difícil de ganar y de superar en defensa. Rara vez ganaba por más de un tanto, pero ganaba. Llegó al final peleando por el título con Estudiantes, donde el Cholo había ganado su primer título. River llegó con más fuelle al final de temporada y fue ahí donde ganó el ansiado título que no llegaba desde 2004, demasiado tiempo para un club tan grande.
Pero, lejos de ser el comienzo de una nueva etapa de éxitos, River recayó en la derrota. Su inicio en el siguiente Apertura fue desalentador y al final del torneo terminó último en la tabla. Del cielo del primer puesto al infierno del último. El bajón de rendimiento en Buonanotte y el enfrentamiento del técnico con Ortega fueron determinantes, y la ruptura de la grada con los jugadores fue otro capítulo más en el progresivo descenso de River a los infiernos. Simeone renunciaría al cargo a finales de año y ya entonces sonaría para el banquillo del Atlético: parecía que sus pasos estaban de nuevo predestinados en dirección al Manzanares.
El resto de la historia ya la conocéis: los malos resultados acabaron con River en la segunda categoría, donde hoy tratan de regresar a la élite de la mano de los Trezeguet, Ponzio, Cavenaghi y compañía, con Almeyda en el banquillo. El mal momento por el que atraviesa el fútbol argentino necesita que todos sus pilares estén en primera fila, por eso necesita que El Monumental vuelva a ser estadio de primera.
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Un par de apuntes. River no es de La Plata sino de Buenos Aires. Por ende, tampoco es vecino de Estudiantes.
Y en general, el tema de la vecindad en el fútbol argentino es similar a lo que pasa en Inglaterra con los equipos de Londres. El Arsenal es medio vecino del Tottenham, pero mantiene una vecindad histórica con el Charlton porque lo eran en sus orígenes hasta que los gunners se mudaron. La cosa va por barrios e historia.
En Argentina es igual pero a lo bestia porque históricamente más de la mitad de los equipos de primera son de Buenos Aires o de las ciudades limítrofes-unidas que forman el mismo núcleo, digamos. Así que aún siendo 10 equipos o más, no son vecinos todos entre sí. River y Boca no son rivales por ser los más populares sino porque originalmente eran vecinos hasta que River se mudó.
Fallo técnico, disculpen las molestias.
Curioso los cambios de este River, ultimo, primero, 14º..., de todas formas lo unico extraño fue ese campeonato porque la regularidad de sus ultimos años fue quedar de los ultimos. Como estara el futbol argentino si entonces Ortega aun daba lecciones de futbol..
Correcciones: River en el Apertura 2007 finalizó en el puesto 14, el torneo donde finalizó último fue el Apertura 2008 el que siguió al Clausura 2008 (y también fue con Simeone como DT).
eso pensaba yo tb pero como el editor ha dicho lo contrario lo he dado por bueno, a mi me sonaba lo de que el cholo dejo ultimo al equipo pero como ahora solo se leen los exitos de Simeone...
Esperando confirmacion
Totalmente correcto, Simeone fue el único tecnico en la historia que no solo saco campeón a riBer sino q tambien lo dejo último, además agrego que el equipo campeón en el apertura 2008 fue Boca y por esto tambien riBer se llevo un monton de gastadas en ese momento. http://es.wikipedia.org/wiki/Torneo_Apertura_2008_%28Argentina%29
Efectivamente, como dicen Bark-Battery y Omar Alejandro Zegaib, River concluyó decimocuarto el torneo Apertura 2007, campeón en el Clausura 2008 y último en el Apertura 2008. Me hice un lío con las fechas. Ya está rectificado, gracias.
Y sin embargo, la afición siempre está (estaremos) con ellos.