El último parásito de nuestro fútbol: el portavoz boceras

Bruno Sanxurxo | 6 de febrero de 2012

Cimex_lectularius
El fútbol, como cualquier otro orden de la vida en el que se maneje dinero a espuertas, tiene su propia fauna de especies parásitas. A algunas de esas especies no hace falta buscarlas mucho para encontrarlas: sólo hay que posar la vista en cualquier palco de cualquier estadio de fútbol. Entre los que Manuel Oliveros llama, no sin ciertas dosis de ironía y retintín, la “gente guapa”. Muchos son totalmente inofensivos, pero entre ellos se mezcla y se esconde toda una caterva de bolsillos interesados, donde destacan todos esos políticos y empresarios locales que disfrutan paseándose, puro en mano y aliento al whisky, ante la plebe.

El parasitismo en el fútbol tiene muchísimas caras diferentes: además de las ya citadas están, por ejemplo, esos representantes que agrandan los egos de sus futbolistas para que acaben cambiando de club cada dos por tres, inflando su cuenta a golpe de comisión; o esos intermediarios que nadie sabe muy bien qué hacen aparte de engordar sus bolsillos; o incluso las familias de muchos futbolistas, padres, hermanos, primos, sobrinos, etc, todos viviendo a cuenta del talento de alguien que muchas veces no es más que un chiquillo. Hay tantas especies distintas que podríamos dedicarle todo un post a la simple enumeración, pero dejemos de entretenernos y centrémonos en un nuevo tipo de parásito, la última especie de reciente aparición: el portavoz boceras.

El portavoz boceras es un individuo cuya misión es ladrar. Así, sin más. Ladrar, aullar, molestar, hacer ruido… Su razón de ser es ejercer de portavoz de lo que su empleador no se atreve decir. Este tipo, su jefe, lleva toda la vida diciendo todo lo que ha querido decir, ya fuera verdad o mentira, una libre interpretación de unos hechos o una alevosa tergiversación de la realidad. Allá dónde ha estado siempre ha hablado como ha querido y ha dicho lo que le ha venido en gana. Hasta ahora.

Ahora está en España, concretamente en un club con tanta historia que incluso su inmenso ego se queda pequeño. La afición de ese club no es como ninguna de las aficiones de los clubes en los que ha estado anteriormente, igual que la prensa deportiva de España no se parece en nada a la prensa de los otros países en los que ha triunfado. Y tras un sinfín de líos de todo tipo, se ha dado cuenta de que, primero, la mayoría de las veces lo que más conviene es estar callado y, segundo, cuando hay que decir algo, se debe cuidar mucho cómo se dice.

Pero claro, ¿cómo acallar una personalidad tan feroz? Imposible. Necesita imperiosamente desahogarse por algún sitio, encontrar una salida, por secundaria que sea, para poder aliviar su carácter. Así pues, se ha inventado la figura de portavoz oficial, un personaje que funciona como un títere con el que decir lo que ya no se atreve a decir ante los focos.

Por lo visto, el hábitat preferido de este nuevo parásito es el Twitter: allí es dónde se suelta la melena y cumple con su cometido como el más fiel de los lacayos. Se mete en todos los fregaos habidos y por haber, sean o no de su incumbencia; de hecho, se nota que cuando más disfruta es metiéndose en barros ajenos: hablar de los rivales, criticar a los árbitros, contestar cualquier crítica… y si por el medio hay otros seres mediocres, mejor que mejor. Acomodado en el exabrupto, amante de la falsa indignación, licenciado en el insulto mal disimulado, parece ser que el arma preferida del portavoz boceras es la ironía. Bueno, más bien, el burdo intento de componer algo que a él le suena como la más afilada de las ironías, cuando en realidad no pasa de chascarrillo de bar y, además, de imitación.

En el fondo no es más que una mosca cojonera, pero con altavoz. El altavoz se lo dan todos los medios que repiten sus ocurrencias como si tuvieran alguna importancia. Lo hace la prensa madrileña, a la que le conviene que haya un nuevo ente que haga de abogado del diablo, dedo acusador, contaminador o lo que haga falta. Ahora que los dos medios de Madrid han tomado una pose más comedida en algunos campos y estrategias, este tipo de personajes les viene que ni pintados. Pero claro, la prensa de Barcelona hace lo mismo pero con otro fin: reproducen los mensajes del portavoz boceras para adoptar ese gesto de afectación tan de su gusto: “Anda, mira lo que dicen en Madrid…”.

Al final, dándole coba unos y otros, el portavoz boceras se ha hecho un huequito en la atmósfera de contaminación que rodea el fútbol. 15.200 seguidores en Twitter, entre ellos muchos periodistas de este país. De hecho, es curioso comprobar qué periodistas le siguen y cuáles no, pues este detalle, por nimio que sea, no hace más que reafirmar en qué campos se mueve cada uno. Para finalizar, tengo una buena noticia: este nuevo parásito tiene fecha de caducidad: en cuanto su empleador cambie de aires, desaparecerá sin que nadie lo eche de menos.

Más artículos sobre: Personajes

Comentarios (26)

Google Analytics Google Analytics
*